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Hay una constante en nuestra sociedad sobre alcanzar la felicidad, e incluso hay quienes la romantizan de una manera insana.
Fui a tomar un café con mi amiga Daniela, hace tiempo que no habíamos frecuentado, ella tenía mucha ilusión; pero era eso, una salida en una ilusión, porque todas las palabras de Daniela parecían una grabación sacada de una serie de televisión donde todo es felicidad y perfección, me tomé varios tragos de café con sabor a plástico. En un arrebato de mi exasperación por hallar la realidad, le pregunté si ella se encontraba bien, y ella sonrió nuevamente como muñeco ventrílocuo, –rayos!– yo quería salir de la ciudad de MATTEL; y justo antes de tener un colapso disociativo, una gran revelación!, las comisuras plásticas de su sonrisa cobraron vida, se bajaron como un telón, dando fin a la obra de teatro que se había montado con su vida perfecta. Su mirada alcanzó la taza de su café, pareciera que quería zambullirse en ella y ahogar las penas que estaría por revelarme.
Cuando terminó de contarme sus verdaderas aflicciones, se disculpó, indicó que no le gustaba mostrarse vulnerable, quería darme una apariencia de tener una vida feliz y divertida. Ella, expuesta a desnudarse y quitarse el disfraz, creyó que era justo qué tal vez tendría que compartir algún martirio, lo supuse, ya que ella sin decir, “es tu turno” lanzó una pregunta, – ¿Y tú eres feliz? –. ¿Era una pregunta o una lanza a la yugular?
Me reí para ser sincero, cruce mis brazos, mire al cielo, solo comencé a platicarle tanto mis pesadumbres, como mis alegrías. – ¿Qué si soy feliz? No lo sé Daniela, de lo que te he contado, ¿Crees qué soy feliz?– pregunté sarcástico y ella sonrió de oreja a oreja, por fin vi sus comisuras vivas, era tan natural, real.
Entre risas y desnudos del alma, debatimos sobre la felicidad, mencionó que su meta era ser feliz. En ese momento no quise contradecir lo que para ella es algo importante, más aún que no tengo la certeza absoluta sobre que es la felicidad, tengo lo que a mi introspectiva le concierne.
Me hubiera gustado compartirle mi postura, pero no quería interferir en sus ideales. A mi parecer la felicidad no puede ser una meta, está en la meta esperando por ti; es la celebración, la dicha de haber cumplido tus objetivos, deseos, expectativas, o en otros casos, nace en la diversión, en el compartir, en el comer, en el descubrir, en aprender, en el amor, la felicidad es un instante, no puede ser permanente, no es una meta.
“La felicidad es como un bocado que te deleita momentáneamente, y solo perdurará en tus más preciados recuerdos”
Yo les deseo una sana relación con sus emociones, ellas florecen en cada particular experiencia de la vida. Nos leemos pronto amigos del plato terrestre, mis mejores deseos Oliver Curiel.


